jueves, 20 de noviembre de 2008

El verdadero "capital humano"

Hace poco menos de dos años estuve en Tailandia. Un país espectacular con una herencia cultural milenaria poco común. Toda esta riqueza histórica se conjuga con una belleza natural increíble, dotando al país de todo lo necesario para ser un paraíso turístico. Y, como no podría ser de otra forma, lo es.


Todo en Tailandia gira en torno al turismo. No hay una sola persona, sin importar a que clase social pertenezca o cual sea su edad, que no sepa hablar ingles. Absolutamente todos saben lo básico como para regatear un precio, invitarlo a uno a pasar a un determinado lugar o pronunciar una frase que parece ser un leit motiv en aquel lugar, aquello que aparenta ser lo único que le importa a todo el mundo allí: “Cheap cheap.”


En un sitio donde todo se vende, las personas no constituyen una excepción. Lo curioso es que no solo lo hacen en formas habituales, ofreciendo sus servicios como guías turísticos o favores sexuales.


Un tour ofrece una visita a un pequeño poblado de habitantes autóctonos a menos de una hora de la ciudad de Mae Hong Son. La excursión esta dedicada a conocer a la tribu de las “Mujeres de los cuellos largos;” si, aquellas tan comunes en el imaginario popular como pertenecientes a algún recóndito lugar de África, en realidad se encuentran en Tailandia. Estas mujeres, a partir de los siete años, comienzan a colocarse aros metálicos en el cuello y agregan más a medida que pasa el tiempo, con el objetivo de alargar sus cuellos lo más posible.


Al llegar a la villa, me encuentro con varios micros turísticos y una larga hilera de puestos que venden de todo: tambores, pashminas, flautas, platos, adornos… La precariedad de las casas y los quioscos no me sorprende, pero si el hecho de que esto fuera lo que habíamos ido a ver, casas que parecian mas "preconstruidas" que hechas a mano.


Las tan famosas mujeres, supuestamente viviendo en su entorno natural, alejadas del mundo capitalista, se encontraban atendiendo los negocios, y ofreciendo sacarse fotos, como si no les molestara ser concebidas por los turistas como animales de zoológico mas que como personas.


Nuestro guía turístico nos ofreció sacarnos una foto con unas viejas de la tribu por unos pocos “Bahts” (la moneda local). Cuando le pregunte si no les molestaba a las damas, el respondió: “No, así ganan plata para sobrevivir, ya no cultivan ni crían animales, las atrapo el mundo del dinero.”


Otro resultado trágico del mundo moderno, que tiende a homogenizar a la gente y quitarle aquello que tiene de peculiar, único y especial, a cambio de algunos dólares.

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