sábado, 22 de noviembre de 2008

Una celda de jade y diamantes

En Bangkok, la capital de Tailandia, todo es complicado. Si bien no hay una sola persona que no hable ingles, la comunicación es difícil. Pero no existe nada más dificultoso que transportarse. El único medio realmente eficiente es el subterráneo, sin embargo, la red esta bastante poco extendida. Las lanchas colectivas, no están tan mal, mas no en todos lados hay ríos o canales para viajar en una. Tomar un colectivo, puede resultar en una experiencia peor que un viaje al infierno. Como se imaginaran, las opciones quedan reducidas al taxi.

Como no podría ser de otra forma en ese país, el taxímetro es solo un adorno, ya que el precio de los viajes se negocia y regatea de antemano. Como estaba avisado al respecto, mi primer día allí, tome un taxi. Al indicarle mi destino, la oferta que me hizo el conductor era extremadamente alta. Por supuesto, exprese mi indignación ante tal despropósito, a lo que el ofreció un precio ocho, si, ocho, veces menor, con la condición de hacer una parada para combustible.

Yo acepte, asumiendo que quería decir una parada para cargar nafta. Luego de 10 minutos de viaje por el endemoniado centro de la ciudad, llegamos a un estacionamiento lleno de taxis, y el conductor entonces me dijo que debía bajar en un local y mirar durante 20 minutos las hermosas joyas que vendían. Completamente desconcertado, le pregunte por que, si yo no quería. El me respondio que era parte del trato, y me explico que por cada cliente que llevaba, le ponian un sticker en una tarjeta que tenia. Al juntar 8 etiquetas, le regalaban una carga de gasolina para su auto. ¡Eso era lo que quería decir con “una parada para combustible!”

No tuve más remedio que entrar. Era una fábrica de joyas. Miles de mujeres trabajando en pequeños puestos, puliendo rocas y encastrándolas en dijes o cadenas. Cuando quise salir, me dijeron que no había pasado el tiempo suficiente. Era rehén en un gran negocio para turistas, cuyos precios eran ridículamente altos. Debo admitir que me atraparon, si bien me ahorre una buena cantidad de dinero, perdí mucho tiempo de conocer aquel espectacular país, a causa de mi inocencia, o falta de recaudo.

Ahora están todos advertidos, aquel que, como yo, caiga en esa trampa, será ahora por ingenuidad, no por falta de aviso.

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