Debido al gran amor que le tengo a
En primer lugar: el Cerro de los Siete Colores, en Jujuy. ¿Qué onda? ¡Nunca fueron siete colores! Uno se imagina que va a ver un arco iris impreso en una montaña. Antes de comenzar el ascenso, venden botellitas con arena de siete tonos distintos (realmente distintos, muy distintos), como un recuerdo la visita. Todo indica que uno se dirige a presenciar uno de los fenómenos más espectaculares que la naturaleza haya concebido. Pero al llegar al punto de observación, lo único que se ve es un cerro que apenas tiene algunas tonalidades distintas, dependiendo de la altura. Al preguntar que pasa, uno recibe justificaciones como “es la luz” o “tanto turismo lo desgasto…” ¡Ridículo!
El otro sitio que realmente fue una gran desilusión es el Bosque Energético de Miramar, en
De todos modos, no es el hecho de que la gente juegue con las ramas lo que me molestó, sino la falta de respeto que imperaba. Hay poca gente (entre ellas, yo), que quiere disfrutar de la energía del bosque, tranquilizarse, descansar, pensar, meditar…Pero esto es imposible debido al ruido, el movimiento y la conducta totalmente desagradable de las personas.
Por lo tanto, si puedo opinar al respecto. No les recomiendo estos dos lugares. Mejor quedarse con la imagen mental que uno crea y no llevarse tal decepción. Hay muchos otros lugares espectaculares para visitar en Argentina, de los cuales seguramente hable en otra ocasión.
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